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¿Un Estado palestino sin Arafat?

Peter Philipp25 de junio de 2002

El discurso de Bush fue acogido en Berlín como prueba de su compromiso con el Medio Oriente. El ministro de RR.EE. alemán, Joschka Fischer, subrayó que abre perspectivas de reconocimiento al futuro Estado palestino.

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Bush explica su visión para resolver el conflicto del Medio oriente.Imagen: AP

El presidente estadounidense ofreció una nueva prueba de que existe acuerdo, desde hace tiempo, en cuanto a las líneas y componentes básicos de un acuerdo de paz: los palestinos han de tener su Estado, e Israel habrá de renunciar a la ocupación y a su política de asentamientos. En lo que no hay consenso es en cuanto a la forma de conseguirlo.

Al hablar de un plazo de tres años, Bush probablemente se ciñe a una estimación cautelosa, sin considerar los verdaderos obstáculos. Pero éstos también fueron mencionados, ciertamente, por el presidente. Por lo pronto, debe terminar la violencia y la vida debe normalizarse en lo posible en las regiones en crisis. Los israelíes deberían replegarse a los límites previos al inicio de la Intifada, y los palestinos tendrían que elegir gobernantes que no estuvieran vinculados al terrorismo y rechazaran toda forma de corrupción.

Arafat en la mira

Bush no lo dijo expresamente, pero su intención fue evidente: instar a los palestinos a desembarazarse de Yasser Arafat. Por mucha razón que pueda tener el presidente estadounidense, resulta bastante poco común supeditar la concreción de derechos legítimos y mundialmente reconocidos, a una democratización palestina. Tanto más en el mundo árabe, donde no existe una sola democracia verdadera.

Pero está claro: las estructuras de los palestinos tendrán que seguir desarrollándose, antes de que éstos lleguen a convertirse en socios y vecinos fiables. Oslo y sus consecuencias han dejado de manifiesto que el paso de una organización armada a una entidad semi-estatal, quizá haya sido demasiado grande. Igualmente quedó en evidencia que no basta con inyectar dinero en la autonomía palestina para convertirla en una democracia.

El parche antes de la herida

Yasser Arafat lo veía venir hace tiempo y ya anunció reformas, e incluso elecciones. Si éstas se llevan a cabo correctamente, ningún presidente estadounidense podrá descalificarlo como interlocutor para el proceso de paz. E Israel tendrá que aceptar la vieja regla, que subyacía a los antiguos esfuerzos de paz, según la cual uno no puede elegir a sus adversarios. Los israelíes también tendrán que conformarse con el hecho de que no podrán conservar, a largo plazo, los territorios ocupados.

En el concepto de Bush falta aún establecer cómo y cuándo ha de convertirse en realidad. Mientras persistan los actos de violencia, el jefe de la Casa Blanca no forzará a Israel a retirarse; y, sin reformas, no estará dispuesto a reconocer un Estado palestino. En suma: habrá que esperar a ver qué pasa; como si no se hubiera esperado ya lo suficiente.

El hecho de que el Estado Palestino sea definido por lo pronto como "provisional", es lo que menos debería causar irritación: mientras sus fronteras no estén definitivamente establecidas, no podrá ser de otro modo. Pero la meta de los palestinos adquiere contornos concretos. Lo demás dependerá de la buena voluntad de ambas partes.