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El desmontaje de Arafat

ers.6 de junio de 2002

El incendio político se aviva en el Medio Oriente con cada nuevo atentado palestino y cada golpe de represalia. Y la posición del Presidente de la Autoridad Nacional Palestina se vuelve día a día más precaria.

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Yasser Arafat: de Premio Nobel a figura trágica.Imagen: AP

La espiral de violencia parece incontrolable. En Israel se alzan los dedos acusadores contra Yasser Arafat. Se le reprocha incapacidad para contener el terrorismo suicida o incluso complicidad. Y, en Washington, el gobierno de George Bush comienza a darle la espalda, en forma no categórica, pero claramente perceptible. Incluso en Bruselas surgen voces que ponen en entredicho la ayuda de la Unión Europea a los palestinos.

Unos 10 millones de euros del presupuesto eurocomunitario se entregan mensualmente a la administración de los territorios autónomos. El dinero se destina a los servicios de salud y a pagar los sueldos de funcionarios palestinos. Dos eurodiputados conservadores solicitan ahora la suspensión de dichas remesas, argumentando que no se puede garantizar que los fondos no se utilicen para financiar la intifada.

La segunda intifada

Este segundo levantamiento palestino, en realidad, poco tiene ya que ver con el primero, en que la población lanzaba piedras contra los tanques israelíes, en la Cisjordania y la franja de Gaza. Las municiones de hoy son granadas y bombas, que riegan la sangre de civiles israelíes.

Lo peor es que las esperanzas de poner fin a la violencia parecen más remotas que nunca. Y la proyectada nueva conferencia internacional de paz no luce tan prometedora como el proceso de Oslo, que logró en su día un apretón de manos de los antagonistas: Yitzak Rabin y Yasser Arafat, ambos galardonados con el premio Nobel de la Paz.

Uno de ellos no pudo concluir la tarea, abatido por un terrorista israelí. El otro se encuentra hoy en entredicho, acorralado entre las iras de los fundamentalistas palestinos y la política de fuerza de Ariel Sharon.

Ojo por ojo

La receta bíblica del primer ministro israelí ha resultado, sin embargo, del todo ineficaz. Ni la Yihad Islámica ha sido desmantelada, ni los atentados ha cesado, pese a todos los despliegues militares. La única consecuencia visible ha sido el desmontaje de Arafat, sometido a un cerco de semanas en su cuartel general, imposibilitado de impedir las periódicas incursiones del ejército israelí a los territorios autónomos y a merced, en la práctica, de las decisiones de Israel.

Los esfuerzos israelíes por desautorizar a Arafat socavan también su influencia ante los palestinos. En consecuencia, no debería sorprender la fragilidad de su liderazgo. La contradicción radica en exigirle firmeza y debilitarlo simultáneamente. Las consecuencias resultan evidentes, mientras sigue aumentando el número de víctimas.