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Maradona terminó una gestión de claroscuros al frente de la albiceleste

28 de julio de 2010

No fue Alemania ni aquel abultado 4 a 0 de Sudáfrica, sino la particular cultura futbolística argentina, lo que alejó a Diego Armando Maradona de la selección de su país. Un balance.

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Diego Armando Maradona en Sudáfrica.Imagen: AP

En 1986, miles de niños argentinos vieron en compañía de sus familiares cómo el equipo de fútbol de su país, que vivía los efectos económicos del Plan Austral y se encaminaba hacia la hiperinflación, se coronaba campeón mundial.

Esta enorme alegría, acicateada por las carencias económicas nacionales, se debía sobre todo a un jugador: Diego Armando Maradona, que en el Campeonato Mundial celebrado en México les dio no sólo el trofeo, sino también emociones irrepetibles como la de humillar a la selección de Inglaterra.

Con el “gol del siglo” burlando a toda la defensa británica, y también con la “mano de Dios”, el tanto a todas luces irregular en el mismo partido, Maradona provocó ese 22 de junio una catársis inolvidable para sus compatriotas, sobre todo los más pequeños.

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La salida de Maradona provocó protestas en Buenos Aires.Imagen: AP

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Fueron estos mismos quienes, 22 años más tarde, recibieron con la mayor alegría el nombramiento de Maradona como técnico de la albiceleste el 28 de octubre de 2008 y se convirtieron en sus fanáticos incondicionales.

Pero también hubo escépticos que cuestionaron la capacidad de “el Diez” para dirigir a una selección nacional, sobre todo por su pasado lleno de excesos y por su impredecible personalidad. Los más entendidos decían que Maradona, enorme como jugador, no poseía experiencia suficiente como técnico.

El ex astro había sido llamado de nuevo a salvar el honor nacional, a corregir el rumbo de la albiceleste en un momento en el que estaba en peligro la clasificación a la Copa del Mundo 2010. Y sobre todo, a revivir aquel inmenso júbilo que iluminó el invierno argentino de 1986.

Los primeros resultados parecían dar la razón a los detractores del antiguo jugador. El técnico vivió momentos muy difíciles en la fase eliminatoria sudamericana, como las derrotas ante Bolivia en La Paz, 6 goles a 1, y ante Brasil, 3 a 1 en el estadio de Rosario.

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El Mundial comenzó con alegrías para Diego y los suyos.Imagen: AP

Finalmente, la selección argentina apenas logró clasificarse como cuarta de su grupo con ocho partidos ganados, cuatro empatados y seis perdidos, tras vencer a Uruguay por un gol a cero.

Dos Diegos distintos

Al terminar aquel encuentro en Montevideo, Maradona insultó a la prensa y fue suspendido dos meses por la FIFA. Pero luego todo cambio. Tras la pesadilla de la fase eliminatoria, la albiceleste se encaminaba al sueño de volver a conquistar un título mundial bajo la dirección de quien casi un cuarto de siglo antes había hecho vibrar al pueblo argentino.

Así comenzó lo que parecía ser una “fábula de verano”, a ritmo de tango, para Maradona. “El Diez” mostró en Sudáfrica una faceta distinta: la de un técnico maduro y comprometido con su equipo lleno de estrellas, entre ellas el mejor jugador del mundo, Lionel Messi. Lleno de seguridad y confianza, aunque con esquemas futbolísticos poco claros, llevó a su equipo a ganar sus partidos contra Nigeria, Corea del Sur y Grecia.

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Muchos argentinos querían revivir las alegrías de 1986.Imagen: AP

“Pelusa” se había transformado en un técnico formal, pegado a la línea, dando indicaciones puntuales a sus jugadores, consolándolos cuando, como en el caso de Martín Demichelis, cometían algún error.

La confianza como enemigo

En los octavos de final, Argentina venció a México cómodamente tres goles a uno. La confianza se desbordó. Fue entonces cuando Maradona volvió a ser el de siempre: perdió la concentración, se metió a polemizar con Michel Platini, y también con Bastian Schweinsteiger, el capitán de su próximo rival, Alemania.

“Les vamos a ganar”, decía Diego, confiado en lograr la revancha del “papelito” en el Mundial de 2006. Pero Argentina perdió. Y no sólo eso. La albiceleste fue goleada 4 a 0 por Alemania, y eliminada del Mundial. Fue “el peor momento de mi vida en el fútbol”, dijo Maradona de aquel encuentro. Se trató sin duda de un fracaso, porque Argentina, vista individualmente, contaba con una de las mejores selecciones de Sudáfrica.

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La derrota ante Alemania, "el momento más duro" en la vida futbolística de Maradona.Imagen: AP

Epílogo maradoniano

Para muchos argentinos, el sueño no consistía en ver a su selección alzar la Copa sino en admirar a Maradona dirigiendo a la selección. Pese a la dolorosa eliminación, el técnico fue recibido en Buenos Aires por una jubilosa multitud. La presidenta argentina, Cristina Fernández, le pedía que aguantara al frente del equipo nacional.

Parecía que el idilio entre Maradona y el público estaba destinado a durar otros cuatro años, o los que fueran necesarios con tal de cerrar exitosamente, a como diera lugar, la novela maradoniana. Sin embargo, el técnico se encontró en Argentina con otro personaje tan poderoso como él: el presidente de la AFA, Julio Grondona.

Al negociar el nuevo contrato, “Don Julio” quiso imponer condiciones y Maradona, por su parte, quería que todo siguiera exactamente igual. Al final triunfó el federativo, que también es vicepresidente de la FIFA.

Todo quedó en leyenda

Maradona se fue. Su balance definitivo al frente de la selección argentina de fútbol no es lo malo que muchos preveían, pero tampoco es digno de ensoñación: 25 partidos jugados, con 18 victorias, ningún empate y siete derrotas.

El capítulo de Maradona como técnico de la selección argentina se cerró en Ciudad del Cabo, en el partido contra Alemania. Ese encuentro que el ahora ex técnico nacional argentino, según sus propias palabras, no volvió a ver ni volverá a ver jamás.

Por decisión del todopoderoso Grondona, Diego Armando Maradona tampoco volverá a alzar una Copa del Mundo, ni como entrenador ni como jugador. Alguien, quizá el auténtico dios, le tenía preparado otro destino.

Autor: Enrique López Magallón

Editora: Claudia Herrera Pahl