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Opinión: La Caja de Pandora de las armas 3D

2 de agosto de 2018

Un tribunal estadounidense ha bloqueado por lo pronto la publicación de manuales para imprimir armas 3D. Pero los planos ya existen. Y eso es extremadamente peligroso, a juicio de Matthias von Hein.

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USA Cody Wilson
Imagen: picture-alliance/dpa/E. Gay

En ocasiones, los humanos son seres peculiares. Con inconmensurable energía, esfuerzo y hasta pérfida creatividad idean continuamente métodos para matar gente; desarrollan sistemas armamentísticos y perfeccionan la forma de librar guerras, interconectando la robótica, la tecnología de la información y la cinemática. En esta dudosa serie de afanes de progreso humano se inscribe también la fabricación de armas en impresoras 3D.

¿Prohibición transitoria?

Literalmente en el último minuto, un tribunal federal de Seattle impidió al autodesignado criptoanarquista Cody Wilson ofrecer en su página web planos para imprimir armas en 3D. Las armas de plástico, que no están registradas ni se pueden detectar en controles como los de los aeropuertos, son una pesadilla para los organismos de seguridad y los ciudadanos, aunque hasta ahora con ellas se pueda disparar solo un tiro. También en este terreno quedará pronto en evidencia el "progreso” tecnológico.

DW Kommentarbild Matthias von Hein
Matthias von Hein

Pero la Caja de Pandora no ha quedado bien cerrada, y a buen recaudo, gracias al dictamen judicial. Y esto no solo porque los planos de construcción de Wilson ya fueron descargados más de 5.000 veces antes del pronunciamiento del juez. Eso lo demuestra un vistazo a la página web de Wilson. Las informaciones sobre la impresión en 3D están bloqueadas, de momento. Pero, bajo el nombre de Ghost-Gunner, Wilson distribuye fresadoras de alta precisión manejadas por computadora, con las que también se puede fabricar armas: igualmente sin quedar registradas, pero de metal y mucho más fiables que sus parientes de plástico. Entre las convicciones básicas de este país de oportunidades ilimitadas se incluye el supuesto de que todo el que puede poseer un arma, también puede construirla.

Por lo menos, con la prohibición desaparece el incentivo para que grandes empresas tecnológicas incursionen en el mercado del software de fabricación de armas, aunque solo sea transitoriamente. Porque Wilson tiene poderosos aliados en el lobby estadounidense del armamento. Ya veremos cuánto tiempo puede resistir el veredicto de Seattle a la arremetida de los abogados.

¿Imprimir sin límites?

Pero, sobre todo, las laxas leyes estadounidenses de control de armento ya han permitido que una marea de armas saliera de la Caja de Pandora. Se estima que cerca de 300 millones de armas están en circulación en Estados Unidos. En las innumerables ferias de armamento se puede adquirir un rifle de asalto por el precio de un buen computador portátil. Pradójicamente, tras cada masacre en una escuela, tras cada tiroteo masivo, aumenta el valor de las acciones de los fabricantes de armas. Esto se debe a que, ante la expectativa de leyes más severas –ilusa, debido la presión del lobby de las armas- los clientes acuden en masa a los comercios, para protegerse de personas como ellos mismos.

El genio de las armas 3D ha salido de la botella. Los planos ya circulan entre los fanáticos del armamento. Solo se podrá volver a encerrar a dicho genio si las armas se controlan y regulan con más severidad; tanto las de plástico como las de metal. Pero en vista de la situación política, eso no resulta probable. Desgraciadamente, la serie de ceros y unos que instruyen a las impresoras 3D cómo imprimir armas, no se detienen ante ninguna frontera. Por eso, las consecuencias de los afanes de Wilson pronto podrían ser perceptibles también más allá de los límites de Estados Unidos.

Autor: Matthias von Hein (ERS/CP)

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