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Lo injusto de ser de Haití

26 de enero de 2021

Los haitianos son mano de obra barata y sin derechos en República Dominicana. Su país sigue destruido desde el terremoto del 2010. La crisis socio-económica y política es candente. Sus causas son sumamente profundas.

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 Grenze zwischen Dominikanische Republik und Haiti
Imagen: Erika SatelicesAFP/Getty Images

Para los haitianos que estén en condición irregular en República Dominicana no habrá vacunas contra el COVID-19. El problema es que en el pequeño estado insular caribeño viven centenares de miles de haitianos, la mayoría de ellos sin documentación regular.

Una frontera de apenas 376 kilómetros divide la isla La Española, de poco más de 76.000 kilómetros cuadrados, de norte a sur. Y separa a sus poblaciones: la de un país turístico -que aunque de economía frágil acaricia la renta media- de la del país más pobre del hemisferio.

Algunos datos

Mientras Santo Domingo tiene una renta per cápita anual (datos de 2018) de unos 7.000 euros, Puerto Príncipe registra 735 euros; a los aproximadamente 2000 euros que gasta República Dominicana en salud se oponen los 71 de Haití; en educación, la diferencia en el gasto público es de 181 a 20 euros per cápita.

¿Se debe a las consecuencias del terremoto que en 2010 hizo desplomar el 60% de la infraestructura médica de la que fue "la perla de las Antillas”? ¿A los 316 mil muertos y a las 1,5 millones de personas sin hogar? Sí, el terremoto -que impactó también a República Dominicana, Cuba, Puerto Rico, Bahamas y Jamaica- aportó a la desolación actual. Pero, en realidad, no es toda su causa.

 Grenze zwischen Dominikanische Republik und Haiti
En la frontera entre Haití y la República Dominicana (2018).Imagen: Erika SatelicesAFP/Getty Images

"En 2010, todo el mundo habló de Haití. Eran las víctimas de siempre, las condenadas a un destino maldito”, explica a DW Fréderic Thomas, investigador del Centre Tricontinental,un think tank belga con sede en Lovaina-La-Nueva.

"Se invisibilizó a los haitianos, las raíces sociales, políticas e históricas de la catástrofe que no fue tanto el sismo, sino la falta de urbanismo, de acceso a alimento, de políticas públicas de salud”, agrega el especialista.

Los millonarios fondos de la asistencia humanitaria internacional se destinaron a paliar lo urgente y a construir algunas casas. "Los haitianos nunca estuvieron en primera línea”, acota.

¿Es en este contexto que hay que entender la emigración ilegal hacia República Dominicana? No solamente. "En un principio, fue un acuerdo entre gobiernos, bajo Francois Duvalier. Haití alquilaba mano de obra a República Dominicana”, informa Thomas. Los ingresos iban a su bolsillo; para Santo Domingo era ventajoso contar con mano de obra barata. Cuando la dinastía Duvalier acabó, los haitianos comenzaron a ir a República Dominicana como obreros, sin derechos, para estancias de algunos meses. Esto sigue vigente; en la actualidad, en la frontera, se exige tasas para su ingreso. Pero "legales” no son.

Un racismo profundo

"El factor agravante es el racismo”, dice el especialista. "Mientras que en República Dominicana se sienten latinos, en Haití son negros”, subraya. Las estructuras profundas hay que buscarlas en la época colonial. Por otro lado, a República Dominicana le conviene la mano de obra barata y la falta de control”, afirma, puntualizando que los haitianos nacidos en territorio dominicano no tienen derecho a la nacionalidad.

Cabe recordar que la isla comparte una convulsa historia, en la cual fue botín de guerra de los poderes coloniales.

Haiti Weihnachtsmarkt
Mercado en Haití.Imagen: Dieu Nalio Chery/AP Photo/picture alliance

Con todo, "hasta la década de los 70 del siglo XX, Haití y República Dominicana estaban económicamente al mismo nivel. Pero en Haití la dictadura se prolongó, dependía del café cuyo precio se desplomó y optó por depender mucho de Estados Unidos. República Dominicana optó por otra estrategia. Pero no es que no sea frágil, es que Haití se está hundiendo”, subraya Fréderic Thomas.

La última ola de protestas, el hartazgo de la población y la exigencia de nuevas elecciones y cambios constitucionales son, políticamente, el efecto más reciente ¿Cabe esperar después de una nueva contienda electoral un enfoque que traiga un poco más de justicia social a los haitianos?

Fréderic Thomas no oculta su escepticismo: "Si bien, desde hace unos dos años, hay un sentimiento de hartazgo por la corrupción ética y económica, entre la clase política y económica dominante y el resto de los haitianos hay una asimetría muy grande. A los primeros les interesa dominar, no hay un proyecto nacional”. En cuanto a un apoyo sustancial que pueda venir de República Dominicana en tiempos de crisis con pandemia o sin ella, ¿hay alguna esperanza? "No creo, el racismo es un consenso fácil”, concluye Thomas.